martes, 20 de agosto de 2013
retomando
domingo, 15 de noviembre de 2009
creer o no creer
.
El viernes 30 de octubre partí luego del trabajo a una de mis actividades favoritas: hacerme la manicure. Esta vez había otra razón a parte del puro placer de ver mis uñas pintadas, y era que en la noche tenía mi 2da (de 3) despedida de soltera, y conociendo a mi gente, tenía que estar digna para la ocasión.
Ya estaba depilada, ahora faltaban las uñas (de las manos y los pies, por supuesto)

Finalizado el rito, caminé hasta mi casa, donde mi prima Jimena me esperaba hace bastante rato para llevarme a destino.
Caminando por Pedro de Valdivia y admirando mis uñas recién pintadas, me detiene un señor.
Edad aproximada 65 años. De origen humilde, pero bien vestido con un terno de hace muchos años, pero intacto. Con bastantes dientes menos, si mal no recuerdo no tenía los dientes de abajo.
En fin. Me detiene y comienza a contarme su historia, más bien su drama. Que venía de Puerto Montt a Santiago y de Santiago partía a no sé qué país a ver a su hijo. El punto fue que un taxista le robó la maleta y el maletín y se había quedado, literalmente con lo puesto.
Miré a mi alrededor en busca de una cámara…quizás era una broma…no vi nada sospechoso.
Entonces, este caballero de quien ahora me percato nunca supe su nombre, me pide plata.
Horror, mi frivolidad me juega una pésima pasada y lo primero que pienso “mis uñas!!, voy a tener que abrir la cartera, hurgar por mi billetera…y mis uñas…recién hechas!”
Sabía que andaba con plata, y por mucha frivolidad y uñas recién pintada, abrí mi billetera y le pasé el único billete que tenía: $5.000.
El señor del terno antiguo casi se me pone a llorar. Me abrazó, me agradeció infinitamente y dijo que estaría en sus oraciones.
Le dije que se calmara, que lo más importante era que no le había pasado nada a él y que lo material si bien da pena perderlo, es pasajero.
Volvió a abrazarme. Hablamos unas pocas palabras más y le dije tenía que irme.
Avancé una cuadra y se me vinieron 2 preguntas a la mente:
- ¿Me habrán “cagado”?
- ¿Cómo estarán mis uñas?
Si caí en una vil estafa…nunca lo sabré; al menos quedé tranquila de ayudar a un hombre que parecía en aprietos.
Y mis uñas…estaban intactas…
Lo que pasó en la despedida de soltera…será para otra historia.
.