lunes, 8 de marzo de 2010

Pequeño relato de colaboración



Estuve toda la semana pasada “pegada” pensando solamente en el tema: El terremoto. Tenía unas ganas gigantes de sentirme útil, de hacer algo por quienes lo necesitaban. Por otro lado sentía miedo; a los saqueos que mostraban en televisión; a una histeria colectiva que crecía y hacía más raro el ambiente, ya convulsionado por el terremoto.

La opción era sin duda ir a los lugares más afectados, “arremangarse la ropa” y ayudar, pero no estaba del todo convencida.

Durante la semana estuvimos intentando organizarnos para ir a un lugar. Después de “ires y venires”, el destino elegido fue Sagrada Familia. El viernes en la tarde partimos con el Seba a comprar algunas cosas para llevar a Sagrada Familia, y luego más tarde reunirnos con Amaya, Miren y mi papá a ordenar la mucha colaboración que llegó. La buena onda y ver que todos querían ayudar me convenció de ir.

Sábado 6.30 AM logramos partir. Inicialmente la idea era partir más temprano, pero la acostada tarde de la noche anterior, nos jugó una mala pasada.

El camino, emocionante. A pesar de los desvíos y baches bien señalizados, era maravilloso ver los muchísimos autos llenos de donaciones y colaboración para los afectados, y sobretodo verlos a casi todos con la bandera chilena.

La patria tira!

La llegada a Sagrada Familia no dejó de impactar. Derrumbes por donde se mirara. En la Municipalidad había una lista para que las familias se apuntaran y organizar el derrumbe de sus casas…

Había ayuda y estaban organizados.

Mientras nos fumábamos un cigarro – y he fumado harto estos últimos días – llegó una tal Sra. Errázuriz si mal no recuerdo. Muy apurada, muy gritona. La primera impresión desagradable, pero solo bastó escucharla para cambiar de idea. Ofrecía pagar el agua de riego para las parcelas de la comuna…Digno de imitar.

Patricio, nuestro contacto allá por medio de la página Ayudando.com nos guió a la casa de Carmen, lugar donde podíamos ser de utilidad.
Carmen, viuda de su 3ra pareja, 9 hijos, 14 nietos, 2 bisnietos. De ellos y sus parejas, 24 personas viviendo juntas, repartidas en 4 casas de las cuales 1 quedó inhabilitada.

La recepción fue maravillosa, felices de recibirnos, abriéndonos las puertas de su familia, su corazón y la poca casa que les quedaba. Conmocionados, por supuesto, pero felices de recibir colaboración y sobretodo felices de estar vivos.

La vida en comunidad nunca deja de sorprenderme. Todos colaboraban sin cuestionarse absolutamente nada, solo ser útiles. Los roles están claros, cada uno con su función, sin cuestionamientos, todos un gran clan.

Todos ayudaban.
Si a mi no me pasó nada”- decía la vecina Jessica – “entonces estoy voluntariamente cocinando para todos los carabineros”, mientras nos llevaba jugo recién hecho con frutillas de su huerta. Notable.

Avanzamos mucho. Botamos la casa que quedó inservible, reciclando todo material que se podía reutilizar. Colaboramos en parte con la construcción de la nueva casa, obra dirigida por el “maestro Pato”, hijo mayor de Carmen, machista, orgulloso y no muy contento al inicio con nuestra presencia, pero que poco a poco vio la utilidad de tener más manos que colaboraban, aunque fuera para dar un vaso de agua.

Finalizada nuestra primera jornada de ayuda, volvimos con Patricio, en la Municipalidad. Todo organizado, nos recibieron un plato de tallarines, y almorzamos en el salón municipal junto a otros voluntarios. Luego, partimos al liceo, lugar donde nos dieron alojamiento.

Lo mejor de esa parte…ducharse con agua tibia! No tenemos agua caliente en nuestro edificio desde el terremoto hasta nuevo aviso, y así, las ironías de la vida me dieron rica agua tibia en Sagrada Familia.
Los otros alojados del Liceo era un grupo de jóvenes rugbistas, atléticos, colaboradores, pero ruidosos y cochinos. A las 4 de la mañana tomaban, fumaban y reían como que estuviesen solos en el mundo. A pesar de eso y los temblores que hubo en la noche, del cual sentí solamente uno, dormí perfectamente bien. Qué rico es dormir!!!

Luego de nuestra rica ducha, recorrimos algo de la comuna, la infaltable plaza y los restos de casas…sin palabras…

Nos dieron el dato de donde comer algo, y llegamos a un restaurant donde comimos unos sándwiches de lujo, mientras veíamos la Teletón. Nos tocó ver el discurso de la Presidenta. Qué carisma! Qué mujer! Admito que derramé una lágrima.

Somos tan solidarios, somos terriblemente “aperrados”. Esto debería ser siempre así. Hay que seguir conversando del tema para no olvidar. A veces las cosas pasan demasiado rápido y uno olvida. Qué importa tener la casa desordenada, qué importa no tener más ropa para combinar o más zapatos porque son lindos. Lo relevante es estar, compartir y sobretodo disfrutar.

Al día siguiente volvimos con Carmen a terminar lo comenzado.
Los cuerpos ya estaban agotados. El trabajo físico diario mío es sentarme frente a un computador, lejos del esfuerzo físico que requirió este fin de semana.

Y regresamos a la capital. En Santiago no pasó nada. Me explico; evidentemente que hubo destrozos, pero en comparación con las otras ciudades, es para decir que fue nada.

Ando con la emoción a flor de piel, pero me gusta. Me emociono constantemente, pero eso también me gusta.

Las réplicas siguen, de hecho ando algo mareada, ya no sé si imagino los temblores o son reales…en fin…

La solidaridad no debe ser perecible, a seguir ayudando! Esto no para!



miércoles, 3 de marzo de 2010

#terremotochile


“Se me van las manos” por escribir, pero no sé por dónde empezar, qué contar…esto es demasiado.

Fue muy fuerte, para no creer.

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Afortunadamente no tengo familia ni amigos en problemas, pero familia de amigos y amigos de amigos si. Llego al trabajo y me entero de algunas desgracias personales, y eso que aún no se logra hacer un levantamiento de lo que sucede en las zonas afectadas con el personal del Banco.

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Es impactante.

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Da impotencia, no sé por donde empezar, no sé como puedo aportar de manera más eficiente.

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Es surrealista estar en el trabajo – haciendo como que trabajo, intentando trabajar – mientras miles o millones están desamparados. Es casi imposible volver a la rutina.

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Me enoja la crítica, no es momento de criticar. Ya habrá espacios para acusaciones y mea culpas, hoy solo hay que ayudar. Ha habido errores, siempre los hay…otro día hablemos de ellos.

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Me altera el abuso. Profundamente.

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Me preocupa la histeria colectiva.

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Por más que sean repetidas mis letras, estas catástrofes recuerdan lo insignificante que somos, la importancia del contacto humano, de tener a la familia y amigos cerca. Agradezco tener esas cosas.

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Somos esclavos de la naturaleza, entregados a ella y sus - a veces - devastadoras consecuencias.

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Aparece un chovinismo que hasta me gusta.

Fuerza Chile!

Vamos que se puede!!!

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