Hartas cosas que decir:
.1. Gracias por los comentarios ayer.
2. Al parecer tengo que estar triste para que me dejen comentarios, logré el record!.
3. Dejo un post más alegre que el de ayer. Es un post “reciclado” que escribí el año pasado, así que algunas personas lo leerán por segunda vez.
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.
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Me encontraba en el camarín del gimnasio donde asisto, obviamente cambiándome de ropa para mi clase. Muchas mujeres, diferentes edades, todas ocupadas no solo de cambiarse de ropa, sino de mirarse numerosas veces al espejo corroborando que no se veía el sostén, que el calzón no se marcaba, que el peinado estaba bien armado, la pintura no estaba corrida, etc.
Durante la clase, lo mismo. Mirarse al espejo, algunas se suben la polera para lucir orgullosas los avances de la ejercitación, otras bajándose la polera porque el rollito aún se asoma, y numerosas actitudes vanidosas propias del ser humano y por ende, las mujeres.
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Al mirar pensaba en el nivel de preocupación que hay por la apariencia, cuestión que me parece buena, siempre y cuando la salud esté en buen estado y que esta preocupación no se transforme en el motivo de vivir. Por otra parte también pensaba en como la famosa sociedad nos lleva a esas banalidades, por ejemplo, cuando se va a comprar ropa.
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Buscaba hace unos meses un blue jean. Común y corriente blue jean, que no sea pitillo, que no sea recto y tampoco pata de elefante, un blue jean común y corriente por favor!!! Luego de ardua búsqueda, encontré, pero no será mi sorpresa al caer en cuenta que mi talla (42) es casi considerada obesa!!! Lo sé, no estoy en mi mejor estado, de hecho para mi estar “flaca” no es fácil, siempre he tenido tendencia a engordar, pero talla 42…de qué estamos hablando!?!?!?!. Atroz, vergonzoso, deprimente, todo mal. En fin, a la larga encontré lo que quería, pero no fue fácil.
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Y así transcurrió la clase.
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Mi mente divagaba estas cosas mientras mi cuerpo de talla 42 saltaba, bailaba, subía y bajaba los brazos. Luego me miré al espejo y vi mi característica cara redonda, con las mejillas rooooojas, común en mi cuando hago ejercicio.
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De regreso en los camarines, el “show” de la ducha. Ahí estábamos, numerosas mujeres de diferentes lugares, edades, colores, estaturas, y tal como lo viví hace unos años en una playa nudista de Barcelona, vi, observé y admiré las diferencias…la belleza de la individualidad. Qué más lindo que ver que somos diferentes, cada una con lo suyo, más o menos pechugas, más o menos trasero, piernas más largas o cortas, más o menos celulitis, y aún así cada una con lo suyo, con alguna característica personal que la identifica, que no hay otra que tenga y que la hace diferente, única y bella por eso.
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Hoy, al igual que el último mes, me costó levantarme. Estoy cansada. Luego de ducharme y el rito del encremado matinal - por supuesto con una crema que supuestamente reduce la celulitis - vino el inevitable proceso de vestirme. Y una vez más me deprimí. Me encontré gorda, fea y que todo lo que me probara se iba a ver igual de mal. Luego, me acordé de mi reflexión del día anterior en el camarín, y todo volvió a la calma. Me miré al espejo, vi mis ojos y volví a conectarme conmigo, con lo que me gusta de mi, con lo que me diferencia y hace única.
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Unas horas después de aquel acontecimiento, me encuentro en mi habitual módulo escuchando música, cantando, con la ventana abierta dejando que el aire entre por ella.
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Saludos a todos y que tengan gran día.
2. Al parecer tengo que estar triste para que me dejen comentarios, logré el record!.
3. Dejo un post más alegre que el de ayer. Es un post “reciclado” que escribí el año pasado, así que algunas personas lo leerán por segunda vez.
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Me encontraba en el camarín del gimnasio donde asisto, obviamente cambiándome de ropa para mi clase. Muchas mujeres, diferentes edades, todas ocupadas no solo de cambiarse de ropa, sino de mirarse numerosas veces al espejo corroborando que no se veía el sostén, que el calzón no se marcaba, que el peinado estaba bien armado, la pintura no estaba corrida, etc.
Durante la clase, lo mismo. Mirarse al espejo, algunas se suben la polera para lucir orgullosas los avances de la ejercitación, otras bajándose la polera porque el rollito aún se asoma, y numerosas actitudes vanidosas propias del ser humano y por ende, las mujeres.
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Al mirar pensaba en el nivel de preocupación que hay por la apariencia, cuestión que me parece buena, siempre y cuando la salud esté en buen estado y que esta preocupación no se transforme en el motivo de vivir. Por otra parte también pensaba en como la famosa sociedad nos lleva a esas banalidades, por ejemplo, cuando se va a comprar ropa.
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Buscaba hace unos meses un blue jean. Común y corriente blue jean, que no sea pitillo, que no sea recto y tampoco pata de elefante, un blue jean común y corriente por favor!!! Luego de ardua búsqueda, encontré, pero no será mi sorpresa al caer en cuenta que mi talla (42) es casi considerada obesa!!! Lo sé, no estoy en mi mejor estado, de hecho para mi estar “flaca” no es fácil, siempre he tenido tendencia a engordar, pero talla 42…de qué estamos hablando!?!?!?!. Atroz, vergonzoso, deprimente, todo mal. En fin, a la larga encontré lo que quería, pero no fue fácil.
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Y así transcurrió la clase.
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Mi mente divagaba estas cosas mientras mi cuerpo de talla 42 saltaba, bailaba, subía y bajaba los brazos. Luego me miré al espejo y vi mi característica cara redonda, con las mejillas rooooojas, común en mi cuando hago ejercicio.
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De regreso en los camarines, el “show” de la ducha. Ahí estábamos, numerosas mujeres de diferentes lugares, edades, colores, estaturas, y tal como lo viví hace unos años en una playa nudista de Barcelona, vi, observé y admiré las diferencias…la belleza de la individualidad. Qué más lindo que ver que somos diferentes, cada una con lo suyo, más o menos pechugas, más o menos trasero, piernas más largas o cortas, más o menos celulitis, y aún así cada una con lo suyo, con alguna característica personal que la identifica, que no hay otra que tenga y que la hace diferente, única y bella por eso.
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Hoy, al igual que el último mes, me costó levantarme. Estoy cansada. Luego de ducharme y el rito del encremado matinal - por supuesto con una crema que supuestamente reduce la celulitis - vino el inevitable proceso de vestirme. Y una vez más me deprimí. Me encontré gorda, fea y que todo lo que me probara se iba a ver igual de mal. Luego, me acordé de mi reflexión del día anterior en el camarín, y todo volvió a la calma. Me miré al espejo, vi mis ojos y volví a conectarme conmigo, con lo que me gusta de mi, con lo que me diferencia y hace única.
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Unas horas después de aquel acontecimiento, me encuentro en mi habitual módulo escuchando música, cantando, con la ventana abierta dejando que el aire entre por ella.
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Saludos a todos y que tengan gran día.
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1 comentario:
recuerdo cuando lo leí la primera vez y lo mucho que me gustó y me sirvió....
hoy, provocó el mismo efecto!
grx!
bsitos
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