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“I want to ride my bicycle
I want to ride my bike
I want to ride my bicycle
I want to ride it where I like”
“Bicycle Race” Queen
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“I want to ride my bicycle
I want to ride my bike
I want to ride my bicycle
I want to ride it where I like”
“Bicycle Race” Queen
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El año 2005 tuve la suerte de hacer un viaje dentro del cual visité Ámsterdam. Amé esa ciudad. Es bella! como de cuentos. Los paisajes, la gente, los “coffee shop”, los parques…todo hermoso!
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En mi rol de turista tuve dos grandes dificultades; uno perderme. Me perdí mucho en Ámsterdam, creo principalmente porque no encontraba un punto de referencia, luego de darme cuenta que sus canales se parecían a la circunvalación Américo Vespucio. Un segundo pequeño problema es que había cuatro participantes en las calles: autos, tranvías, peatones y bicicletas. Más de una vez me encontré perdida descifrando los nombres de las calles y me daba cuenta que estaba en medio de una ciclovía…
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A pesar de esos problemitas, me llamó mucho la atención que la bicicleta fuese usada como medio de transporte. Muchas veces pensé que era utópico, solo una linda intención, pero presencié cómo la bici no se usaba sólo para ir a pasear al parque, sino que hombres y mujeres de traje la usaban para ir a sus oficinas; escolares, ricos, pobres, grandes y chicos. Todos en cleta!.
Ese mismo año, en octubre, estuve en Davis (California), pequeña ciudad en torno a la universidad del mismo nombre, cuya página web dice: “It is the goal of the City of Davis to create and maintain an integrated system of bikeways” y realmente lo cumple.
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A pesar de ese “goal” yo no fui un ejemplo de usuaria por más que mis primos me incentivaran. Confieso que uno de las principales razones para negarme fue la desconfianza en mi estado físico, que en esos momentos era el peor que he tenido en la vida…bueh…No se puede estar bella y perfecta todo el tiempo, no? jejeje…
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En fin. Ámsterdam, Davis, y Chile.
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De regreso en casa y sobre todo cuando me vine a vivir a Providencia, regresó mi interés por este medio de transporte; la motivación de una vida más sana, la congestión vehicular a toda hora, en todo lugar que estresa y contamina, me llevaron a comprarme una bici, el primer paso.
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La elegida era bella: negra, doble suspensión, “full equipo”, top, bacán…peeero la ignorancia me llevó a hacer una mala compra y al poco tiempo hice un trueque y obtuve mi hermosa, bella, femenina y top bicicleta lila similar a la que aparece en la foto. (Créditos de la foto a Oxford).
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El segundo paso era más importante: usarla. Inicialmente fueron trayectos cortos: ir a comprar el pan de a uno, ir al supermercado como 3 veces por semana, todo con la excusa de usar la bici. Luego, empezaron los viernes de bici. Según los cálculos del “run keeper” el recorrido es de aproximadamente 15 kilómetros ida y vuelta (dependiendo las vueltas que me dé). Inicialmente tardaba 50 minutos de ida y como una hora al regreso. Hoy los tiempos han disminuido a 30 y 40 minutos respectivamente…eso sin contar el estacionamiento que siempre es una complicación.
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Es lo máximo! Me encanta andar en bici, y llegar en las mañanas al banco luego de “mover un poco el esqueleto”. Llego a trabajar motivada, despierta y generalmente sonriendo.
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Conocidos son los beneficios de este medio de transporte, por nombrar algunos:
• Cero emisiones de ruido.
• Mejora tu capacidad cardiovascular.
• Total independencia en tus traslados.
• Costo cero por viaje.
• Cero emisiones de gases contaminantes que dañen la atmósfera.
Y también el alimento al ego cuando te piropean en la calle, porque he descubierto que la bici atrae miradas, sobre todo cuando estoy vestida de falda…no sé porqué…
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Y ahora viene el tercer paso: El “enchulamiento”. Admitámoslo, el casco que se usa…horror!...de los accesorios menos estéticos y menos fashion que se ha creado. Me siento como un hongo de los pitufos, es casi deprimente, pero totalmente necesario. El tema entonces es comprarme un lindo casco, y los hay. Lentes. Hay unos que cubren la parte lateral de los ojos, lugar por el cual constantemente se filtran bichos, pelusas y otros que impiden la visión ydañan mis bellos ojos azules. Otros accesorios son para la bici: un bolso para mi parrilla, guantes lindos (tengo unos muy buenos, que cuando deba cambiar elegiré unos más lindos), espejo retrovisor (el solo pensarlo me parece ridículo, pero admito pueden llegar a ser muy útiles). Eso por ahora. Casi nada, no?
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Bueno, sería todo por hoy, ya que no me quiero concentrar en cosas negativas como la falta de cultura de automovilistas, peatones e incluso ciclistas respecto a la convivencia, pero de todas maneras dejo algunos consejos contenidos en el Manual de arriba ´e la chancha.
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Y todo este post se me ocurrió andando en bicicleta!
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