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19.15 horas del martes 7 de octubre me encontraba en el camarín del gimnasio donde asisto, obviamente cambiándome de ropa para mi clase. Muchas mujeres, diferentes edades, todas ocupadas no solo de cambiarse de ropa, sino de mirarse numerosas veces al espejo corroborando que no se veía el sostén, que el calzón no se marcaba, que el peinado estaba bien armado, la pintura no estaba corrida, etc.
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Durante la clase, lo mismo. Mirarse al espejo, algunas se suben la polera para lucir orgullosas los avances de la ejercitación, otras bajándose la polera porque el rollito aún se asoma, y numerosas actitudes vanidosas propias del ser humano y por ende, las mujeres.
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Al mirar pensaba en el nivel de preocupación que hay por la apariencia, cuestión que me parece buena, siempre y cuando la salud esté en buen estado y que esta preocupación no se transforme en el motivo de vivir. Por otra parte también pensaba en como la famosa sociedad nos lleva a esas banalidades, por ejemplo, cuando se va a comprar ropa.
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Buscaba hace unos meses un blue jean. Común y corriente blue jean, que no sea pitillo, que no sea recto y tampoco pata de elefante, un blue jean común y corriente por favor!!! Luego de ardua búsqueda, encontré, pero no será mi sorpresa al caer en cuenta que mi talla (42) es casi considerada obesa!!! Lo sé, no estoy en mi mejor estado, de hecho para mi estar “flaca” no es fácil, siempre he tenido tendencia a engordar, pero talla 42…de qué estamos hablando!?!?!?!. Atroz, vergonzoso, deprimente, todo mal. En fin, a la larga encontré lo que quería, pero no fue fácil.
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Y así transcurrió la clase.
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Mi mente divagaba estas cosas mientras mi cuerpo de talla 42 saltaba, bailaba, subía y bajaba los brazos. Luego me miré al espejo y vi mi característica cara redonda, con las mejillas rooooojas, común en mi cuando hago ejercicio.
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De regreso en los camarines, el “show” de la ducha. Ahí estábamos, numerosas mujeres de diferentes lugares, edades, colores, estaturas, y tal como lo viví hace unos años en una playa nudista de Barcelona, vi, observé y admiré las diferencias…la belleza de la individualidad. Qué más lindo que ver que somos diferentes, cada una con lo suyo, más o menos pechugas, más o menos trasero, piernas más largas o cortas, más o menos celulitis, y aún así cada una con lo suyo, con alguna característica personal que la identifica, que no hay otra que tenga y que la hace diferente, única y bella por eso.
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Hoy, al igual que el último mes, me costó levantarme. Estoy cansada. Luego de ducharme y el rito del encremado matinal - por supuesto con una crema que supuestamente reduce la celulitis - vino el inevitable proceso de vestirme. Y una vez más me deprimí. Me encontré gorda, fea y que todo lo que me probara se iba a ver igual de mal. Luego, me acordé de mi reflexión del día anterior en el camarín, y todo volvió a la calma. Me miré al espejo, vi mis ojos y volví a conectarme conmigo, con lo que me gusta de mi, con lo que me diferencia y hace única.
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Un par de horas después de aquel acontecimiento, me encuentro en mi habitual módulo escuchando música, cantando, con la ventana abierta dejando que el matutino aire helado entre por ella.
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Hoy dedico mis letras a la persona más bella del mundo, mi hermana Rocío que cumple 17 años.
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Saludos a todos y que tengan gran día.
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19.15 horas del martes 7 de octubre me encontraba en el camarín del gimnasio donde asisto, obviamente cambiándome de ropa para mi clase. Muchas mujeres, diferentes edades, todas ocupadas no solo de cambiarse de ropa, sino de mirarse numerosas veces al espejo corroborando que no se veía el sostén, que el calzón no se marcaba, que el peinado estaba bien armado, la pintura no estaba corrida, etc.
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Durante la clase, lo mismo. Mirarse al espejo, algunas se suben la polera para lucir orgullosas los avances de la ejercitación, otras bajándose la polera porque el rollito aún se asoma, y numerosas actitudes vanidosas propias del ser humano y por ende, las mujeres.
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Al mirar pensaba en el nivel de preocupación que hay por la apariencia, cuestión que me parece buena, siempre y cuando la salud esté en buen estado y que esta preocupación no se transforme en el motivo de vivir. Por otra parte también pensaba en como la famosa sociedad nos lleva a esas banalidades, por ejemplo, cuando se va a comprar ropa.
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Buscaba hace unos meses un blue jean. Común y corriente blue jean, que no sea pitillo, que no sea recto y tampoco pata de elefante, un blue jean común y corriente por favor!!! Luego de ardua búsqueda, encontré, pero no será mi sorpresa al caer en cuenta que mi talla (42) es casi considerada obesa!!! Lo sé, no estoy en mi mejor estado, de hecho para mi estar “flaca” no es fácil, siempre he tenido tendencia a engordar, pero talla 42…de qué estamos hablando!?!?!?!. Atroz, vergonzoso, deprimente, todo mal. En fin, a la larga encontré lo que quería, pero no fue fácil.
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Y así transcurrió la clase.
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Mi mente divagaba estas cosas mientras mi cuerpo de talla 42 saltaba, bailaba, subía y bajaba los brazos. Luego me miré al espejo y vi mi característica cara redonda, con las mejillas rooooojas, común en mi cuando hago ejercicio.
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De regreso en los camarines, el “show” de la ducha. Ahí estábamos, numerosas mujeres de diferentes lugares, edades, colores, estaturas, y tal como lo viví hace unos años en una playa nudista de Barcelona, vi, observé y admiré las diferencias…la belleza de la individualidad. Qué más lindo que ver que somos diferentes, cada una con lo suyo, más o menos pechugas, más o menos trasero, piernas más largas o cortas, más o menos celulitis, y aún así cada una con lo suyo, con alguna característica personal que la identifica, que no hay otra que tenga y que la hace diferente, única y bella por eso.
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Hoy, al igual que el último mes, me costó levantarme. Estoy cansada. Luego de ducharme y el rito del encremado matinal - por supuesto con una crema que supuestamente reduce la celulitis - vino el inevitable proceso de vestirme. Y una vez más me deprimí. Me encontré gorda, fea y que todo lo que me probara se iba a ver igual de mal. Luego, me acordé de mi reflexión del día anterior en el camarín, y todo volvió a la calma. Me miré al espejo, vi mis ojos y volví a conectarme conmigo, con lo que me gusta de mi, con lo que me diferencia y hace única.
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Un par de horas después de aquel acontecimiento, me encuentro en mi habitual módulo escuchando música, cantando, con la ventana abierta dejando que el matutino aire helado entre por ella.
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Hoy dedico mis letras a la persona más bella del mundo, mi hermana Rocío que cumple 17 años.
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Saludos a todos y que tengan gran día.
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4 comentarios:
Tu comentario y la foto me recordaron un libro que Roberto se compró en Nueva York. Al abrirlo te encontrabas en la página izquierda con la foto de una persona cualquiera tomada en la calle de cuerpo entero y luego la misma persona desnuda en la página derecha... habían unas sorpresas que ni te cuento, pero tras mirar 40 ó 50 fotos la sensación era la misma que la del gimnasio, todos distintos, todos únicos, todos humanos. La nota negativa es que el libro nos lo robaron :( buuuuuuuu
Felicidades a la Rocío y nos vemos en la noche.
Hoy es un gran día!!!
Que bien, finalmente descubrí por donde se hacía un comentario.
Gracias hija, me encanta leer lo que escribes, es una ventana a tú intimidad.
Gracias.
El papá.
Me encantó tu comentario... y además que coincidencia, porque hoy estuve todo el día en una conferencia de trastornos alimenticios, y se habló mucho del tema de "self image" y of course de la preocupación por el peso... si se lograra que la visión que describes se generalizara...y que todos la sintiéramos de verdad, del fondo del alma, siempre... seriamos mucho mas sanos en muchos niveles.
Felicidades a la Rocio!!!
Que buena reflexión...
Gracias a Dios por las diferencias!
(de tipos y personas..)
y, a ti, gracias por traernos esta mirada que ayuda a parar...poner las cosas en perspectiva...y , valorar el aqui y ahora!!
a hug, mamá
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